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Transferencias STS no reguladas: el lado oculto y peligroso del comercio marítimo global

Transferencias STS no reguladas: el lado oculto y peligroso del comercio marítimo global

Las transferencias STS no reguladas aumentan en áreas sin supervisión, generando riesgos de derrames, incendios, colisiones y prácticas inseguras vinc

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Las transferencias STS no reguladas aumentan en áreas sin supervisión, generando riesgos de derrames, incendios, colisiones y prácticas inseguras vinculadas a la “shadow fleet”.

Las operaciones Ship-to-Ship (STS) forman parte esencial del comercio marítimo moderno. Cuando se realizan correctamente, bajo un marco regulatorio sólido, con personal entrenado y equipos verificados, representan una herramienta eficiente para optimizar rutas y reducir tiempos.

Sin embargo, en los últimos años, la industria ha sido testigo de un aumento preocupante de operaciones STS no reguladas, realizadas fuera de aguas controladas, sin supervisión estatal y con estándares muy por debajo de los aceptables. Este fenómeno está directamente vinculado al comercio de crudo sancionado, particularmente petróleo ruso, iraní y venezolano.

La OCIMF, junto con diversos reportes de la IACS, Lloyd’s List Intelligence y la Agencia Internacional de Energía (IEA), han documentado que entre 2021 y 2024 hubo un incremento superior al 400% en operaciones STS sospechosas realizadas en zonas como:

  • el Estrecho de Malaca,
  • aguas frente a Ceuta y Melilla,
  • el Mar Mediterráneo oriental,
  • el Golfo de Laconia en Grecia,
  • y recientemente en el Atlántico Sur frente a las costas de África Occidental.

Estas operaciones no solo buscan ocultar el origen de los hidrocarburos, sino que se ejecutan con buques antiguos —muchos de ellos con más de 20–25 años, registros opacos y aseguradoras de muy bajo nivel o inexistentes. Esta combinación aumenta exponencialmente los riesgos operativos.

Uno de los riesgos principales es el derrame de hidrocarburos. El STS requiere un control extremadamente preciso de bombas, mangueras, presiones y maniobras. En operaciones reguladas, el personal de cubierta y el equipo de amarre cuenta con formación certificada, y la supervisión de un MOPOG, piloto STS o surveyor es obligatoria. Sin embargo, en el mercado oscuro, la transferencia suele ejecutarse sin iluminación adecuada, sin soporte de lanchas, sin booms de contención, y en condiciones meteorológicas adversas. La probabilidad de un incidente grave se multiplica.

También existe riesgo de colisión. El buque que recibe y el buque que transfiere deben mantener una maniobra conjunta precisa. En la flota sancionada, muchos de los buques operan con deficiencias mecánicas, sin ISM vigente o con tripulaciones poco experimentadas. Un deslizamiento de amarra, un fallo de propulsión o una mala maniobra puede provocar daños estructurales significativos.

El riesgo de incendio es igualmente crítico. Buques sin certificación ISPS o con sistemas de espuma y CO₂ vencidos operan de forma rutinaria en estas transferencias ilegales. Una fuga de vapor inflamable sin medios de mitigación puede originar un siniestro de gran magnitud, especialmente cuando se manipulan productos como gasolina reformada, nafta o crudo con gases volátiles.

Otra dimensión preocupante es la falsificación documental y manipulación del AIS. Muchos buques involucrados en STS ilícitos apagan su AIS, transmiten posiciones falsas o se identifican con nombres o MMSI duplicados. Esto dificulta el monitoreo por parte de autoridades portuarias y centros de control, aumentando la opacidad del tráfico.

A nivel ambiental, las consecuencias pueden ser devastadoras. Un derrame en zonas sin vigilancia, lejos de recursos de respuesta, puede tardar días o semanas en ser detectado. La fauna marina, áreas protegidas y comunidades pesqueras quedan expuestas a daños irreparables.

Sin embargo, el aspecto más alarmante es que el crecimiento de estas operaciones está creando una industria paralela sin estándares técnicos mínimos, integrada por buques que jamás pasarían una inspección PSC, que navegan sin P&I del Grupo Internacional, y que no cumplen ninguna norma de la OMI. La “shadow fleet”, actualmente estimada en más de 600–800 buques, es ya considerada uno de los mayores riesgos para la seguridad marítima global en 2025.

La OMI, OCIMF y varios Estados de bandera trabajan en nuevos mecanismos de rastreo y supervisión. Sin embargo, mientras persista la demanda global y los incentivos económicos, estas operaciones seguirán creciendo. Para la industria marítima formal, la conclusión es clara: los riesgos técnicos, legales y ambientales del STS no regulado superan cualquier beneficio económico, y representan una amenaza directa para la seguridad de las tripulaciones, la integridad de los buques y la estabilidad del comercio internacional.

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